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29-12-2007

Hot Chip en Buenos Aires.


Imagen de 'Hot Chip en Buenos Aires.'

Hot Chip en Buenos Aires.

El show.

"¿Qué les pasa a estos muchachos? Los Decadentes son 13 y prueban sonido más rápido, viejo", decía algo enojado uno de los tantos encargados de la producción del show de Hot Chip en Buenos Aires, luego de casi dos horas y media de chequeos y puesta a punto. Lo que pasaba era que, a pesar de ser 5, los muchachos tenían desplegados sobre el escenario de Crobar un verdadero arsenal de teclados, sintetizadores y pedales, además de una guitarra que pasaba de mano en mano, tambores, bongos y un redoblante que ocasionalmente Alexis, ese petiso con pinta de nerd, tocaba de parado. Un par de horas después del show, en la terraza de una casa de Palermo, Billy, uno de los sonidistas de la banda, nos decía "La verdad, entiendo que estén contentos porque fue un gran show incluso para mí, que los veo tocar todos los días. Te diría que fue mejor que el 90% de sus recitales". Quizás sería bueno avisarle al fan de los Decadentes que la tediosa prueba de sonido finalmente rindió sus frutos.

Desde que subieron al escenario a las 23.30 hasta que se bajaron una hora más tarde, los Hot Chip dieron un show que se destacó por su intensidad, intercalando sus temas nuevos más bailables con versiones aceleradas de los hits de "Coming On Strong" y "The Warning", sus dos discos a la fecha. Es curioso ver que en vivo tanto Joe como Alexis, los cerebros de la banda, tienen un perfil más bajo, cediéndole el centro de la escena a Al -que era también el que tomaba las decisiones durante la prueba de sonido- y al moveidzo Owen, que no dejó de practicar sus pasos de baile en toda la noche (y esto incluye el post-show en la mencionada terraza). Felix, el encargado de la caja de ritmos, se mueve poco y parece una momia tanto arriba como abajo del escenario.

El show arrancó con "Shake a Fist", una nueva, y siguió con "Boy From School", un hit. Eso fue lo que tardó la banda en meterse al público en el bolsillo: 2 temas. Ya con la gente entregada al baile, siguieron disparando su desbordante ataque de teclados y superponiendo capas y capas de sonido en un estimulante derroche de energía. El ejemplo más claro de la transformación de Hot Chip en vivo probablemente haya sido Crap Kraft Dinner, que en su versión original tiene, como la mayoría de los temas del primer disco, una cadencia lenta y pesada y un trataminto más bien minimalista, y que en Crobar pasó al doble de velocidad y con el doble de instrumentos.

Para el final quedó Over and Over, la canción que los catapultó a la fama y sin dudas la más adecuada para un show de este tipo. Dejando al público en el nivel más alto de excitación, desaprecieron del escenario y ya no volvieron a subir. Nada de bises, el show de Hot Chip pasa todo de un tirón, como un inesperado chaparrón de verano. Un cierre apocalíptico para un conceirto explosivo.

El post-show.

Ya en la terraza palermitana que los albergó después del show, los Hot Chip conectan sus IPods al equipo de música y espontáneamente se turnan como DJs. No lo pueden evitar, si hay una reunión, ellos se ven en la obligación de musicalizarla. "Es cierto" dice Felix, "es más fuerte que nosotros". La dinámica es similar en todos los casos: uno pone una canción y mira de reojo esperando la reacción de sus compañeros, que en todos los casos hacen gestos de aprobación, no importa si se trata de un hit grasa de los 80, del último de LCD Soundsystem o de Hip Hop de la vieja escuela. Viéndolos en esta situación, no cuesta imaginarse cómo fue que compilaron las canciones de su DJ Kicks. "Sí, fue algo así. Bueno, en una oficina del centro de Londres durante un par de tardes grises en lugar de en una adorable terraza en una noche primaveral, pero sí, digamos que fue más o menos lo mismo", afirma Joe mientras intercala a Prince con Arthur Russell.

Inmediatamente después, en ese contexto Disco-Soul, suena un tema que encaja a la perfección. "¿Qué es esto?", pregunto. "Es de nuestro nuevo disco, que sale en Febrero", dice Joe, "¿Te gusta?". La verdad que sí, pero sobre todo me sorprende. Yo había leído que habían dejado de grabar en una habitación y se habían trasladado a un estudio, sin embargo esta canción sigue teniendo esa calidez hogareña. "Es que esta sí la grabamos en casa", me aclara, y cuando dice "casa" se le nota que extraña.

Owen, que sigue ostentando sus dotes de bailarín alrededor de la mesa, explica cómo son las cosas. "Mañana a la noche salimos para Nueva York por tres días, a cumplir con algunos compromisos de prensa. A mi me gusta estar de gira, conocer un lugar nuevo cada día, pero algunos de los muchachos tienen familia y extrañan". El que también disfruta de la situación es Billy, el carismático sonidista. "Mientras no sean más de cuatro meses, yo no tengo drama, lo disfruto. Alguna vez estuvimos seis meses de gira y fue un poco duro, pero así está perfecto". Billy también es sonidista de LCD Soundsystem, así que cortó por lo sano y se alquiló un departamente por San Telmo para recorrer la ciudad mientras espera que James Murphy y los suyos vengan a Creamfields la semana próxima. "No todos los días uno tiene una chance como esta".

Se hace tarde y el cansancio se les nota en la cara. "Son muchos días de acostarse a cualquier hora y dormir poco", dice Al antes de partir con rumbo al hotel junto con Alexis, que apenas si se movió de su lugar en la esquina de la mesa. Felix, Owen y Joe deciden jugar las últimas fichas y chusmear la noche porteña en un boliche, pero apenas entran se dan cuenta de que ya tuvieron suficiente y necesitan descansar. Como pasa siempre en estos casos, antes de despedirse hacen la promesa de rigor: "El año que viene volvemos y nos quedamos un par de días". Los recibiremos con gusto, por supuesto. 


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