“Donde se pierden los signos del pasado queda en la huella del presente una delicia transparente,
Alicia es la única transparente
cristales de historias perdidas en el devenir,
de pavimento
de venir en pavimento llegaría más rápido si no fueran de cristal los signos del pasado.”
Terminó de decir eso, rascándose la barba, empezó a registrar su bolso, tirado en la vereda, el vagabundo de clase alta empieza a retroceder en imágenes, causas, lugares, amigos, vueltos, estudios, formación, familia, doble apellidos, comidas crocántes, y ya no sabe si esta enojado, o si sigue enojado, o si se enojó por sentirse perdido, de haber perdido el juego de la alta sociedad. O no se acuerda si se hizo el ofendido y le costo todo, menos lo que tiene puesto.
“Dejo todo, me largo de aquí, no dejo recuerdos, me persiguen los ojos, las únicas sombras son las letras vocales y palabras, que voy dejando atrás…”
- ¿Alguna vez enunció esto usted? … (sin respuesta) Le pregunto si alguna vez dijo esto que parece un momento decisivo, una afirmación coagulante.
“SI, justo después de pensar que a los 25 años, habiendo estudiado en colegios privados, en una universidad privada, habiendo cursado talleres de literatura, de filosofía, de creatividad, de computación, de meditación, el país me dejó en la calle el día que no supe contener la tristeza de tanto esfuerzo y tan poca recompensa. Trabajando usando el 100 por 100 de mi imaginación, de la cultura aprendida, de todo, y recibiendo sueldos mínimos comparados a las rentas cada vez más caras, el sueldo inamovible, mi exigencia al máximo, y subían las verduras, los impuestos, las salidas, el alcohol. Dejé todo. Me fui del mundo y me quedé en la calle donde me ves ahora. Pero no te confundas más, no perdí nada, dejé todo porque dejé el control de todo, yo controlaba todo en mi cabeza, ordenaba en mi mente cada detalle del día hasta que se hizo insoportable y solté.
Hace 2 semanas que tomé vacaciones, dejé dicho que me avisaran, y así lo hizo el kioskero, ahora vuelvo, pero vuelvo con la victoria en mi, porque vuelvo a jugar, jugar en serio, vuelvo a trabajar pero solo porque nunca más voy a trabajar como antes, ahora veo todo como una eterna vacación en mi ciudad Buenos Aires ya no pasan cosas graves, estoy del otro lado del sistema, lo peor que me puede pasar es tratar de controlar lo que me pasa”
- Pero sonás como un loco, ¿Cómo un loco querés sonar cuando vuelvas? ¿Dejar que te aplasten con las críticas y los juicios?
“Sus penas y sus juicios, corrección. No me molesta que la gente siga con ese quiste en su cuello. Puedo parecer un loco por ser diferente a lo normal, pero entonces ¿Qué es lo normal? Y hasta donde llega la respuesta, todo lo que no encajes en ‘normal’ es tu libertad, y lo que decís ‘normal’ es el miedo a que no lo sea.”
Se tomó un taxi y lo invitó a tomar una cerveza por la calle Armenia.
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