Somos dos razas distintas con origenes diferentes y destinos
diferentes. Para nosotros, las cenizas de nuestros antepasados
son sagradas y el lugar donde descansan es tierra sagrada.
Vosotros erráis lejos de las tumbas de vuestros antepasados, y
al parecer no lo lamentáis...
Pero ¿or qué debería afligirme por la muerte prematura de mi
pueblo?. Una tribu sigue a otra tribu, y una nación sigue a otra
nación y la pena es inutil...
Pero cuando el último hombre rojo se haya convertido en un mito
para los hombres blancos...cuando los hijos de vuestros hijos se
crean solos en el campo, en la tienda, en la carretera, o en el
silencio de los bosques sin senderos, no estarán solos. En toda
la tierra no hay ningún lugar dedicado a la soledad. Por la noche,
cuando las calles de vuestras ciudades estén silenciosas y creáis
que están desiertas, estarán atestadas de la multitud que antaño las
llenó y que regresa, y que todavía ama esta hermosa tierra. El hombre
blanco nunca estará solo.
Que sea justo y trate con bondad a mi pueblo, pues los muertos no carecen
de poder. ¿Muertos, digo?. No hay muerte. Sólo un cambio de mundos.
Discurso al gobernador Isaac Stevens
en 1855 con ocasión de la firma del tratado
de Port Elliott. Seattle entregó sus tierras,
en las que hoy está situada la ciudad de Seattle, y
a cambio las tribus de Washington recibieron una
Reserva.
EMILIO FEDERICO GUAYMAS <relampagoindio@ yahoo.com. ar> escribió:
He oído palabras y más palabras, pero nada se ha hecho. Las
buenas palabras no duran si no se convierten en hechos. Las
palabras no pagan la muerte de mi pueblo. No pagan la pérdida
de mi país, ahora invadido por los hombres blancos. No protegen
la tumba de mi padre. No pagan mis caballos y mi ganado. Las buenas
palabras no me devolveran a mis hijos. Las buenas palabras no
cumplirán la promesa de vuestro jefe guerrero, el general Miles.
Las buenas palabras no devolverán la salud a mi pueblo ni evitarán que
muera. Las buenas palabras no darán a mi pueblo un hogar donde pueda
vivir en paz y cuidar de sí mismo.
Si el hombre blanco quiere vivir en paz con el indio, puede vivir en paz.
No tiene por qué haber problemas. Tratad a todos los hombres por igual.
Dadles la misma ley. Dadles a todos la misma oportunidad para vivir y crecer.
Todos los hombres han sido creados por el mismo Jefe Gran Espíritu.
Todos son hermanos. La tierra es la madre de todos los hombres, y todos los
hombres deberían tener los mismos derechos sobre ella.
Todos hemos nacido de una mujer, aunque somos diferentes en muchas cosas.
No nos pueden hacer de nuevo. Vosotros sois tal como os hicieron, y tal como
os hicieron podéis seguir siendo. Nosotros somos tal como nos hizo el Gran
Espíritu, y no podéis cambiarnos; entonces ¿or qué habrían de pelearse los
hijos de una misma madre y un mismo padre?, ¿or qué uno habría de engañar al
otro?. Yo no creo que el Jefe Gran Espíritu diera a una clase de hombres el
derecho de decir a otra clase de hombres lo que deben hacer.
Jefe Joseph de los Nez Percés
1879
relampagoindio <relampagoindio@ yahoo.com. ar> escribió:
En el principio todas las cosas estaban en la
mente de WAKONDA. Todas las criaturas, incluido el
hombre, eran espíritus. Se movían en el espacio
entre la tierra y las estrellas. Buscaban un lugar
donde pudieran tomar una existencia corporal.
Ascendieron al hasta el sol, pero el sol no era adecuado
para vivir en él. se trasladaron a la luna y
vieron que tampoco era buena para hacer de ella su
morada. entonces descendieron a la tierra. vieron
que estaba cubierta de agua. flotaron por el aire
dirigiendose hacia el norte, el este, el sur y el oeste,
y no encontraron tierra seca. Estaban sumamente
apenados. De pronto, de en medio del agua surgió
una gran roca. Estalló en llamas y las aguas ascendieron
por el aire en forma de nubes. Apareció la tierra seca;
crecieron las hierbas y los árboles. La muchedumbre
de espíritus descendió y se convirtió en seres de carne
y hueso. Se alimentaron con las semillas de las plantas
y los frutos de los árboles, y la tierra vibraba con sus
expresiones de alegría y gratitud hacia WAKONDA, el creador
de todas las cosas.
Enseñanzas de la Sociedad del
Guijarro omaha, según
Wakidezhinga.
(Un antiguo jefe)
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En el principio todas las cosas estaban en la
mente de WAKONDA. Todas las criaturas, incluido el
hombre, eran espíritus. Se movían en el espacio
entre la tierra y las estrellas. Buscaban un lugar
donde pudieran tomar una existencia corporal
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