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20-04-2008

Crónica de Burning Metro y Mofa en Castorera (22/03) por Proyecto Under


http://www.proyectounder.com/nota.php?id=1154

 

La era de hielo

Una fortaleza glacial rodeó el corazón de los espectadores el sábado pasado en Castorera. Mofa y Burning Metro llamaron a sus puertas pero nadie contestó. Se solicitan dadores de sangre, el paciente agoniza.

25.Mar.08 |  (Por Iván Stemberg) Si fuera algo nuevo cabría lugar para el asombro pero, lamentablemente, se trata de una escena cada vez más frecuente. Ya no parece importar si los que están allá arriba dejan sus tripas sobre el escenario o son pura pose y ropita. Tal vez el problema esté, de movida, en que no tendría siquiera que haber un ‘arriba’ y un ‘abajo’. La distinción ceremonial entre artista y auditorio está muy bien para el teatro, la música clásica o el jazz pero en el rock hace décadas que se volvió arcaica. Mofa sabe lo que es tocar, literalmente, en la cara del público. Lo viene haciendo, intermitencias al margen, desde 1994. En terrazas, sótanos y clubes sociales, en provincia o en capital, en nuestro país o en Chile. No es raro entonces que Sebastián, su cantante y piedra angular, se sintiera incómodo en los momentos previos al show. Nunca antes había estado en Castorera (Córdoba 6237, Cap. Fed., ARG) y se mostraba desfasado con el ambiente de café concert. De fondo sonaba Frank Sinatra. Su plan era bardear la cosa e incitar al agite. Nada que pudiera desmadrarse o derivar en un torbellino innecesario de violencia (como en la vieja escuela hardcore), pero sí buscar algún signo de pulso vital. Les arruino el suspenso: no lo logró.

Dos carteles estaban pegados sobre uno de los monitores de sonido. Uno en apoyo al pre-candidato presidencial por el partido demócrata, Barack Obama. El otro decía: “Marcello Mastroianni (1924-1996) ti adoro” y tenía una foto del legendario actor italiano. Mofa arrancó a las 00:35 con “La casa, los libros, el fuego” de 45 minutos hacia donde los edificios crecen (2004), su último disco. La gente, esparcida entre mesas y sillas, parada muy al fondo o sentada al frente, respondió con unos aplausos apáticos. El quinteto se sacudió el óxido acumulado tras tres meses de inactividad recurriendo a su habitual reserva de guitarras post-hardcore, letras emocionales y vocalizaciones urgentes. Así, entregaron intensas rendiciones de “Convirtiendo noches” y “Nueves meses”, contenidas originalmente en su tercer álbum, 12 Canciones (Sniffing, 2001), sumadas a “El espejo y el asombro” y “Los días y su belleza”, que pueden hallarse en 45 minutos. Miré sobre mis hombros y sólo noté seres humanos en estado catatónico. Icebergs de jean y camisa. Creo que hasta ví pasar rodando a una inmensa bola de paja. Mientras tanto, Sebastián se retorcía, arrodillaba y recostaba corporizando la desgarradora honestidad de sus canciones. Ni siquiera con “Pronta Entrega”, su rabioso cover de Virus, consiguieron la empatía anhelada. “Ese lugar no tan mío” y “Aspirinas”, hits de culto acá y en Groenlandia, cerraron su set. Si les digo que duró 45 minutos seguro que no me creen pero así fue. Exactamente la misma cantidad de tiempo que se tarda en recorrer la distancia entre San Fernando, sus pagos, y la Capital (el título de su disco refiere a eso).

La recepción para Burning Metro fue un poco mejor, pero tampoco tanto. Tuvieron problemas de sonido, con el micrófono y los amplificadores, y eso entrecortó la fluidez de su show. No obstante, el comienzo sí fue impecable. Abrieron con “Rapid stages of a non-going mind” y hasta “Turbinas”, su tercera canción, no pararon. Las credenciales matemáticas saltaron a la vista en todo momento: ritmos complejos, punteos veloces, estructuras mutantes. La voz de Juan Francisco Negrello Banegas, provista de una cuantiosa ración de inflexiones dramáticas, se acercó a la del poster boy de Incubus, Brandon Boyd. Tocaron alumbrados con una luz de fondo filtrada a través de un telón blanco. En “Wine (and what comes with it)” Pancho y Matías ‘Laney’ Oyhandy (guitarra) compartieron el canto. Ambos están habituados a colaborar ya que también forman parte de El Caso Islandia. ‘Laney’, además, se pasa a los teclados en Calendar, agrupación en la cual Joaquín Romera (el otro guitarrista de Burning Metro) se transfiere a la trompeta y Javier José Santini sigue ultrajando bajos. Los Metro tienen dos discos editados, Spotlight de 2005 y La mecánica de las cosas de 2006, y están por lanzar un single llamado Espanha que el sábado pasado recorrieron entero. Estará compuesto por tres temas en castellano, uno de los cuales -“Nadie espera a la inquisición española”- sirvió como corolario de su performance. Su próxima fecha será el jueves 17 de abril en Kika (Honduras 5339, Cap. Fed., ARG).

Como dije, no fueron tan azotados por las oscilaciones gélidas de la audiencia pero tampoco lograron una conexión cálida. Tal vez yo esté pidiendo demasiado. La anunciada ausencia de Humo del Cairo, que no tocaron debido a una lesión sufrida por Javier Murillo Gorchs -su batero- en la mano izquierda, ensombreció aún más la atmósfera. ¿Podemos echarle la culpa a unos muebles de madera? ¿Es todo atribuible a la paranoia post-Cromagnón?¿Acaso nos hemos vuelto un enjambre de eventeros acéfalos? Desconozco las respuestas. En todo caso, no debe mirarse el mundo desde una óptica tan maniquea, todavía hay grises. Si la esperanza reside en la mugre, será cuestión de empezar a buscar debajo de las alfombras.


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